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Caracas, 02 Nov. AVN .- Hay gente que todavía canta, que vive y siente su llaneridad, su vaquería, el ordeño, que conserva sus hatos y corrales tal cual como a principios del siglo XX, cuenta Miguel Guédez, joven realizador que a las 7:00 de la noche de este jueves 4 de noviembre estrenará el documental Ajila en la sala Cinemateca del Museo de Bellas Artes (MBA), en Caracas.
“¡Ajila, ajila, ajila novillo, por la huella del cabretero!” es el grito del arreador para que los animales lo sigan, para marcarles el rumbo.
Basado en una idea original de su amigo Reinaldo González, quien hizo una tesis de grado sobre la tonada llanera, Guédez se dispuso a perseguir y mostrar esa canción improvisada que acompaña a los trabajadores en sus faenas diarias y que está desapareciendo poco a poco, junto al ambiente donde se desarrolla.
“Un día en el llano, podría pensarse, es un día de arduas faenas, y lo es, pero cuando el canto se abre espacio entre los dominios del viento, todos, tanto hombres como animales, aligeran su pesar y lo olvidan. Un hombre en el llano, podría creerse, es un solitario, y lo es, pero en su alma reside una fuente viva de musicalidad. La vida del llano, podría suponerse, está acabándose, pero las faenas y el canto están galopando vivas junto a la modernidad, resistiéndose al olvido”, escribió el realizador como sinopsis de este trabajo.
Ajila fue grabado totalmente en Apure, estado que el equipo de producción recorrió de extremo a extremo durante las dos semanas que duraron las grabaciones.
La principal preocupación al comenzar, señala Guédez, fue que se encontraron con llaneros dedicados a escribir sobre su tierra, quienes aseguraban que no iban a conseguir cantos de trabajo y que ya eso había desaparecido.
“Llaneros de pura cepa nos dijeron que tenían 20 años o más que no escuchaban cantos de trabajo. Entonces asustados, cuando nos dispusimos a enfrentar la realidad, nos planteamos que si eso estaba desapareciendo, el documental iba a tener que derivarse hacia eso, a la ausencia de los cantos. Esa era la idea, buscar si existían o no. Para satisfacción nuestra, aunque vimos que han ido mermando, sí conseguimos”, explica.
Por eso, destaca, es importante trabajar estos temas, porque se deja un registro de esas otras maneras de ver la vida.
“Lo que más perjudica a una cultura es que desaparezca la energía que la mueve. La gente abandonó al campo por el petróleo y ese es un drama que tiene el país y que también se plantea dentro del documental”, expresa.
Mucha gente cree que vivir en el llano es el atraso, pero este documental no siente compasión por eso, sino que realza lo maravilloso de la cultura llanera y por qué los venezolanos deben reivindicarla y conocerla.
“Es una manera de vida hermosa que se ha desdeñado y ese es el corazón de Venezuela, el emblema”, enfatiza.
Además, el espectador conocerá las intenciones de los cantos de trabajo, como acompañarse en la soledad de la labor, relajar y tranquilizar a las vacas para que aflojen sus ubres o arrear la manada.
“El llano y el llanero es todo música. Un llanero que no cante es un llanero a medias. La gente vive intensamente su musicalidad. En el caso de las faenas del trabajo, el llanero es un improvisador, además es un ser muy social. Es que es una dicotomía, se habla mucho de la soledad del llanero, pero es una soledad que se vive en función de algo, es productiva, no es como la de las ciudades que desgasta al ser humano, porque es ociosa, dedicada a ver televisión o consumir cosas”, asevera.
Durante los 45 minutos que dura Ajila el espectador se encontrará con varios personajes. Uno de los principales es el señor Raúl, un ordeñador que vive en la zona del Capanaparo, cercana del río Meta.
“Este señor me parece que es un llanero en su máxima expresión y él nos comentó que ha querido mantener toda su cultura del llano y transmitírsela a su familia. No es adinerado, pero con el esfuerzo de toda su vida ha logrado tener terrenos, su corral, sus becerritos y vacas y dedicarse al ordeño. También tiene su quesera artesanal y en su casa todo es a la usanza antigua, con madera, el moriche, la comida. Incluso, en esa zona ni siquiera tienen luz, usan una pequeña planta eléctrica que prenden a las 6:00 de la tarde”, relata.
Aunque el señor Raúl sólo llama al ganado, hay personajes en torno a él que sí le cantan, sin embargo, su manera de hablar tiene una musicalidad, “tiene la voz de la naturaleza, parece que se estuvieran escuchando unos pájaros cantar, un diálogo de aves o animales”.
Algo inimaginable para muchos es que el documental también muestra que hay mujeres dedicadas al trabajo del llano.
“Nos impresionó llegar a un hato y ver que había una mujer que no sólo ordeña sino que hace las mismas faenas de los hombres, además canta, levanta las latas pesadas de leche, se monta a caballo y arrea el ganado, y conserva su feminidad. Simplemente se dedica a eso”, manifiesta.
Ese descubrimiento fue también una lección personal, dice el realizador, para sacudirse los estereotipos, porque “la cuestión de los géneros es una impostura, algo falso que se crea la sociedad y la gente, tanto los hombres para discriminar a las mujeres como las mujeres para omitir esos trabajos fuertes, pensando que con el esfuerzo físico van a perder su feminidad”.
En cuanto a la música que suena en Ajila, está la que interpretan espontáneamente los protagonistas y otra incorporada, como el arpa con tonadas, piezas clásicas del maestro Antonio Estévez, incluso una versión de Tonada de luna llena con sonidos electrónicos y flauta.
“Quizás la gente no se de cuenta, pero el documental hace un viaje musical por la historia de los cantos de trabajo y cómo han evolucionado hasta el presente”, acota Guédez.
Actualmente en proceso de realización de su tesis en la carrera de Comunicación Social (UCV), Miguel Guédez, cuyo padre, Jesús Enrique Guédez, fue pionero del cine documental en Venezuela, ha ejercido el periodismo y elaborado varios documentales independientes. Ajila es su primer trabajo realizado con financiamiento del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC).
El 11 de noviembre la película también será proyectada en la sala Cinemateca de San Fernando de Apure, a las 6:30 de la tarde, y luego espera que sea programada en las salas comunitarias y en televisión.
Estreno 4 de noviembre. 7pm
Sala Cinemateca Nacional (Bellas Artes)
Extracto del documental
Un documental dirigido por Miguel Guédez
Género: Documental – Formato: HDV – Duración: 45 minutos
Producción: Puerto Nutrias Producciones y CNAC
Sinopsis
Un día en el llano, podría pensarse, es un día de arduas faenas, y lo es, pero cuando el canto se abre espacio entre los dominios del viento, todos, tanto hombres como animales, aligeran su pesar y lo olvidan. Un hombre en el llano, podría creerse, es un solitario, y lo es, pero en su alma reside una fuente viva de musicalidad. La vida del llano, podría suponerse, está acabándose, pero las faenas y el canto están galopando vivas junto a la modernidad, resistiéndose al olvido. Este documental muestra un mundo que se impone libremente, reclamando su lugar y su momento, cantándole a la vida.
Ficha Técnica
Idea original. Reinaldo González – Guión y Dirección. Miguel Guédez – Producción Ejecutiva y General Andreina Gómez – Producción de Campo Felipe Falcón, Andreina Gómez – Dirección de Fotografía – Gerard Uzcátegui – Director de Sonido. Carlos Martínez – Post producción de audio – Jorge Herrera – Director Artístico Salvador Compagnone – Editor. Salvador Compagnone – Asesor de Investigación y Proyecto. Rafael Salazar – Asesor Etnológico. Andreina Gómez